Malanca fue un gran viajero y nos dejó en sus óleos, realizados siempre al aire libre, el magnífico testimonio de sus campañas pictóricas que lo consagran como uno de los más notables paisajistas de nuestro país.
Con acentuados contrastes del amarillo y el naranja, del verde y el blanco, del rojo y el azul, del rosa y el negro, entre otros, la paleta despliega un brillo espectacular, y su uso de colores estridentes enfatizan la angustia...
Su formación da un paso decisivo en el taller de André Lothe, bajo dirección de Othon Friesz, donde aprende a generar una unidad armónica entre la luz, la figura y fondo a partir de las nociones de construcción y síntesis.
Reinaldo Giúdici volvió de su aprendizaje europeo en 1886 y, junto con Ángel Della Valle, estuvo dedicado en forma absolutamente desinteresada a la docencia en la Academia de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes.
Sus paisajes son inconfundibles por las anchas pinceladas. El introspectivo pintor desplegó su caballete en las sierras cordobesas, la llanura pampeana, las sierras de Tandil, la costa de Quilmes, las barrancas de San Isidro, Hudson y los bosques de Palermo.