A sus ochenta años, dice tener aún pendiente entregar al mundo “la gran obra de su vida”.

La obra de Gerardo Chávez no es común ni uniforme. Es más bien emigrante como su propia vida. Sus primeras pinturas de finales de los cincuenta, en la Escuela de Bellas Artes, siguen la influencia de la plástica universal, pero el artista apenas pudo, se lanzó a la búsqueda de personajes que expresaran mejor su espíritu inquieto y su identidad. Y así emergieron seres extraños, tan maliciosos y agresivos, como tiernos y gentiles, que se fueron entrelazando en su lienzo. En este espacio se muestra un resumen con las obras más emblemáticas del artista, según como se iba marcando su evolución, tanto fuera como dentro del país. Pero para Chávez, el perfeccionismo, la búsqueda continua, la obra sin terminar están siempre en su mente y, por ello, a sus ochenta años, dice tener aún pendiente entregar al mundo “la gran obra de su vida”.

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